- Mmm no - respondió con una sonrisita que me mató
- Sos un tonto, no me hagas más estas cosas, no la paso bien
- Claro, por eso te pones en pedo como si nada?
- Qué querías que hiciera? Si estabas caprichoso con que querías quedarte durmiendo
- Bueno basta, no quiero pelear
- Yo tampoco quiero pelear - dije y él hizo un pucherito.
- Te quiero - largué, mientras observaba detenidamente cada detalle de su rostro, en el cual se empezó a formar una sonrisa
- Mucho? - preguntó sin dejar de sonreír y asentí algo cohibida
- Mmm linda - dejó un corto pero sentido beso en mis labios - yo más - murmuró, ahora conectando su mirada con la mía.
Sonreímos como dos tarados y tuve que interrumpir el momento tierno levantándome rápidamente de la cama.
- Qué haces? - preguntó riendo
- Voy a calentar la pizza que te guardé, debes estar muerto de hambre
- Sí, pero vení, tenía otros planes para ahora - gritó sin moverse del lugar
- Andate un poquitito a la mierda - le devolví el grito para luego dar un portazo, escuchando su fuerte risa del otro lado.
Le dejé el plato en el cuarto junto con un vaso de coca y volví a la cocina a lavar las cosas que habíamos ensuciado, ya que si se me acumulaba todo después iba a ser peor. Al rato volvió, dejó las cosas para lavar y se quedó parado de brazos cruzados, mirándome, e incomodándome un poco.
- No me vas a ayudar, no? - pregunté algo esperanzada
- No, ahora no, deja eso para después, no jodas - dijo abrazándome de costado y dejando un beso en mi hombro.
Suspiré y dejé los pocos vasos que me quedaban por lavar. Qué más podía hacer, teniéndolo así? Sonrió victorioso y lo odié, por qué terminaba siempre haciendo lo que él quería?
- No te acostumbres a que te diga que sí a todo - me quejé, aún bastante borracha
- Shhh dejá de decir boludeces - dijo entrecerrando los ojos y reí, mientras él me hacía dar media vuelta para quedar enfrentados, y así arrinconarme.
No le llevó mucho tiempo capturar mi labio inferior y tirar de él, mientras yo, algo mareada, me sostuve rodeando su cuello. Le seguí el beso con una intensidad que no pude controlar, aunque tampoco quisiera hacerlo. No se en qué momento fue, ni como, pero a los pocos segundos estaba sentada sobre la mesada de la cocina, rodeando sus caderas con mis piernas. Me saqué las ganas de enredar mis manos en su pelo y despeinarlo mientras él inclinaba la cabeza hacia atrás para quedar a la altura de mis labios.
Pasaron incontables minutos en los cuales ninguno de los dos planeaba separarse, ni siquiera un poco. Obviamente, a medida que el tiempo avanzaba, la situación se nos escapaba más de las manos. Me volví a encontrar con el Julian que había conocido esta tarde, el que sacaba chispas cada vez que se detenía a mirarme. Me cargó así como estábamos hasta mi cuarto porque definitivamente no podía esperar más, y no creo que haga falta explicar cómo terminó todo.
Me desperté con un dolor de cabeza que no podía soportar, pero me quedé quieta por no despertarlo a él, que dormía muy tranquilamente con la cabeza sobre mi pecho, su brazo aferrándose a mis caderas y una de sus piernas por encima de las mías. Estiré el brazo hasta alcanzar mi celular e intenté descifrar la hora, a pesar de lo encandilada que estaba con la luz de la pantalla. 7:08. Bufé, hoy entraba a las 10 y difícilmente podría volver a dormirme.
Intenté imaginar lo tierna que se vería esta escena de afuera y no pude evitar la sonrisa gigante. Sin dudar demasiado levanté el brazo y con algo de dificultad logré enfocarnos con la cámara frontal de mi celular. Saqué un par de fotos, bueno, varias, haciendo diferentes caras, mientras que él salía en todas igual, dormido profundamente, y con una cara de bebe que no podía ser real.
Me quedé en silencio por varios minutos, acariciándole el pelo con cuidado de no despertarlo, y me quede quieta en cuanto se empezó a mover en el lugar. Me abrazó aún más fuerte mientras se desperezaba y con los ojos cerrados dejó un beso en mi hombro antes de apoyar la cabeza sobre la almohada. Me acurruqué a su lado aprovechando que volvía a tener un poco de movilidad en la parte superior de mi cuerpo y escondí mi cabeza en el hueco de su cuello, dejando algunos besitos allí.
- Buen día linda - murmuró con la voz ronca y sonreí embobada
- Buen día - respondí, seguido de un corto beso en los labios - no quiero arruinar el momento pero tenés que ir a trabajar
- Mmm no, que hora es?
- Las siete y media pasadas, y si, después de haberte escapado ayer, hoy tenés que ir sí o sí
- Bueno má, me voy a bañar - dijo abriendo los ojos con dificultad y reí - pero a mi departamento, me cambio y vuelvo, no te duermas eh
- Te espero - dije sonriente y dejó un beso en mi frente antes de irse, recogiendo por el piso su ropa.
En cuanto se fue me encargué de ordenar un poco el cuarto y luego, preparar el desayuno para ambos. Me senté a tomar mi café mientras lo esperaba y a los pocos minutos atravesó la puerta de entrada, dejándome impactada como tantas veces. Se venía metiendo la camisa para adentro del pantalón sin prestarme mucha atención a mí, que no paraba de mirarlo. Tenía el pelo muy mojado y algunas gotas caían de él, para luego recorrer su rostro.
- No podes estar más bueno - largué casi sin pensarlo y él sonrió, algo cohibido ante mi mirada.
Me paré del asiento para darle un beso y servirle la taza de café, mientras él se acomodaba.
- A qué hora entras? - preguntó, dandole un mordisco a la tostada
- A las diez, te dejo a vos en la oficina y después paso por Jenny
- No, no hace falta gorda
- No jodas, dale, cuando salgas te paso a buscar, a qué hora salís?
- A las siete
- Buenísimo ahí voy a estar, no te voy a dejar plantado - dije haciendo caras y él bufó
- Mucho tiempo más me lo vas a echar en cara?
- No, era un chiste, tonto - reí, estirándome un poco hasta alcanzar sus labios.
Me cambié en tiempo record y a los pocos minutos ya estábamos de camino a la oficina. Él me guiaba porque yo jamás había ido, y era un poco más lejos que la facultad. Nos despedimos como si no nos fuéramos a ver por un año y enseguida me dirigí a lo de Jenny, donde tendría bastante tiempo para ponernos al día.
Las clases se hicieron eternas, prácticamente contaba los minutos para salir de ese infierno. La mezcla entre el estudio y la resaca definitivamente no eran una buena combinación. Almorzamos juntas a la salida de la facultad y me quedé en su departamento. Miramos una película y no llegamos ni a la mitad, creo que teníamos cansancio atrasado de toda la semana, pero nada que una buena siesta no pudiera solucionar.
Cuando nos despertamos eran casi las seis y media de la tarde, poco faltaba para la hora en que Julian salía de trabajar. Agarré todas mis cosas algo apurada y nos despedimos, prometiendo arreglar luego alguna salida para la noche. Manejé un poco bastante rápido, estaba tan ansiosa por llegar, y sobre todo por llegar en hora, que mucho no me importó. Siete menos cuarto estaba estacionando en la esquina de aquel edificio.
"Estoy abajo, estacioné en la esquina. No tengo apuro, baja cuando termines"
Tecleé mientras tarareaba la canción que sonaba en la radio, Chandelier.
"Subí vos, te animas? Tengo que ordenar un par de cosas y me podes esperar aca"
Dudé, no conocía el lugar y eso me cohibía bastante. Finalmente me bajé del auto y a los pocos segundos me encontraba atravesando la puerta principal. Había un montón de gente trabajando, cada uno en lo suyo, realmente estaba muy perdida. Saqué rápidamente el celular del bolsillo y no dudé en llamarlo.
- Ori...
- Qué hago? A donde voy? Me perdí - lo escuché reír del otro lado y me quejé
- Tercer piso Ori - dijo muy relajado y le corté.
Me encaminé hacia el ascensor y entré junto a un par de personas más, me sentía un poco incómoda. Apreté el botón del piso 3 y tuve que esperar mientras algunas de las personas bajaban en el primer y segundo piso. Finalmente la puerta se abrió y salí a un lugar con más oficinas y gente bien vestida, cuando se iba a terminar esto? Me acerqué algo dudosa al primer escritorio que vi. Una chica rubia me sonrió muy amablemente y me colgué un poco, intentando deducir de donde me resultaba tan conocida su cara.
- Qué necesita? - preguntó sacándome de mis pensamientos
- Estoy buscando la oficina de Julian... Serrano
- Ah, sí - sonrió falsamente mientras me hacía una radiografía.
Levanté una ceja esperando que me diera alguna indicación, pero lo único que hizo fue pararse de la silla y hacerme señas de que la siguiera. Me llevó a una oficina algo apartada del resto, supongo que ser hijo de uno de los dueños tenía sus ventajas.
- Esperame acá, le tengo que avisar antes de dejarte pasar - dijo intentando sonar amable, pero no le creí ni un poco el personaje
- No te preocupes, me está esperando - le devolví la sonrisa y quedó sin palabras - Gracias.
Sin decir más nada abrí la puerta y entré, cerrándola detrás de mi.
- Que lindo verte acá - dijo con una sonrisa de oreja a oreja
- Lo mismo digo, sos otra persona
- No exageres.
Me senté sobre sus piernas y pase mi brazo por detrás de su cuello, dejando un beso tierno sobre sus labios.
- De repente sos así como muy importante, casi no me dejan pasar sola a tu oficina, cómo es esto? - pregunté con el ceño fruncido y él largó una carcajada
- Digamos que mi secretaria es un poco desconfiada
- Es tu secretaria la rubia teñida?
- Sí - rió
- Vos sabes que creo que la conozco de algún lado, no se, su cara... De algún lado la tengo - dije mientras pensaba y pensaba
- Qué? Cómo? De donde? - de repente se había puesto serio y nervioso
- Qué pasa?
- No, nada, vamos?
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