Se paró detrás de mí y nos miramos a través del espejo, su cara de preocupación era tremenda. Asentí para confirmarle lo que había dicho y llevó las manos a su boca. Temblé hasta que por fin sonrió, de la mejor forma, no le cabía tanta felicidad en el rostro.
- Eso es bueno, no? - preguntó ilusionado y asentí, con los ojos llenos de lágrimas.
Rápidamente me abrazó por atrás, rodeando mi cintura con sus brazos y depositando sus cálidas manos sobre mi panza aún inexistente. Dejo un sentido e interminable beso en mi cuello y, pegando su cara a la mía, volvió a conectar nuestras miradas a través del espejo.
- Te amo - largó, emocionado - Sos lo mejor que me paso, te lo juro, gracias, gracias por esto
- Somos - lo corregí - No lo ignores a él - agregué, pasando mis manos por encima de las suyas
- A ella en todo caso, es nena, gorda
- Es un varón Julian, te lo digo desde ya - dije y bufó
- Es nena, punto final - insistió, tan caprichoso como siempre y reí.
El departamento era un caos, estábamos en plena mudanza y estaba todo lleno de cajas y cosas tiradas por todos lados. Finalmente, después de un par de años de tanto esfuerzo y trabajo nos íbamos a mudar juntos, a un departamento mucho más amplio que quedaba prácticamente en frente a lo de nuestros mejores amigos, quienes ya venían conviviendo hace casi dos años.
"Vas a ser tía, y madrina!"
Le envié a Jenny enseguida, ella, además de Julian, era la única que sabía acerca de mi atraso y preocupación.
"Ay amigaaaaaaaaaa, te amo, estoy gritando como una loca. Que felicidad, mandale un beso a Juli, te llamo ya"
Reí. Me la estaba imaginando a los gritos, saltando, y a Agustin diciéndole que se quede quieta de una vez.
En dos días ya estábamos en el nuevo departamento, instalados, aunque aún con cajas y cosas para acomodar, ya estábamos agotados de tantas idas y vueltas.
- Vos no hagas fuerza amor, yo termino de arreglar todo mañana - dijo tan sobre protector como siempre
- No estoy inválida eh, y ni siquiera tengo panza todavía, relajate - reí y él dejó un beso en mi frente.
Observamos todo y terminamos sentándonos en el nuevo balcón, yo sobre sus piernas y él sosteniéndome con fuerza.
- En qué pensás? - preguntó luego de unos minutos de silencio
- En que no caigo, que estamos mudándonos juntos, esperando un bebé que nos va a unir para siempre, sos consciente de eso?
- Te pone contenta? - preguntó mirándome a los ojos y sonreí
- Muy, es mucho más de lo que siempre soñé
- Te amo - susurró y lo besé - Las amo, a las dos
- A los dos - lo corregí, solo para llevarle la contra y él rió
- Sabías que era mi sueño ser papá? - preguntó serio y negué con la cabeza - Y me hace muy feliz que vos seas la que me lo cumpla
- Vas a ser el mejor papá del mundo, vas a ver - dije acariciando su nuca y sonrió como un nene.
Era raro, estar en una nueva casa, lejos de aquel lugar donde nos conocimos y aquel balcón que había sido testigo de prácticamente toda nuestra historia. Y ahora estábamos oficialmente viviendo juntos, sin pared de por medio, estábamos finalmente del mismo lado y tenía un leve presentimiento de que iba ser así siempre.
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